
Agencias de la ONU y grupos de ayuda advierten sobre el brote inminente de enfermedades infecciosas y el hacinamiento extremo de más de 15.800 desplazados, mientras 38 hospitales del país se encuentran dañados, desbordados o inoperativos.
Casi una semana después de la doble catástrofe sísmica que sacudió a Venezuela, la emergencia ha mutado en una severa crisis humanitaria que amenaza con desbordar por completo las limitadas capacidades del país. Diversas organizaciones de ayuda global advirtieron este martes 30 de junio que la red sanitaria nacional, ya mermada por años de desinversión económica, opera bajo un estado de «presión extrema» debido al flujo descontrolado de pacientes con traumatismos crónicos y el riesgo inminente de epidemias.
Mientras las brigadas de salvamento mantienen el foco en la agónica búsqueda de sobrevivientes entre las ruinas —con un saldo oficial que ya supera las 1.900 muertes—, el panorama para los vivos es alarmante. La falta de refugios acondicionados ha obligado a miles de damnificados a pernoctar a la intemperie, en plazas o dentro de vehículos.
Carlotta Wolf, portavoz de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), confirmó que el número oficial de personas desplazadas asciende a más de 15.800, una cifra que, según advirtió, continuará incrementándose en los próximos días, agravada por una aguda escasez de alimentos en el estado La Guaira, epicentro del desastre.
El peligro de las epidemias en refugios insalubres
Desde Ginebra, el portavoz de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Christian Lindmeier, alertó sobre la extrema vulnerabilidad en la que se encuentran las comunidades afectadas frente a brotes de enfermedades prevenibles. El hacinamiento y el deterioro ambiental actúan como caldo de cultivo para afecciones vinculadas a las bajas coberturas de vacunación previas, como el sarampión. Asimismo, preocupa el repunte de patologías transmitidas por vectores y agua contaminada, tales como el dengue, la fiebre amarilla y la malaria.
“El sistema de salud está ahora bajo una presión extrema, con instalaciones que operan mucho más allá de su capacidad real ante el incremento masivo de casos de traumatología”, aseveró Lindmeier.
Infraestructura médica en ruinas y escasez de personal
De acuerdo con los reportes gubernamentales, los sismos afectaron la estructura de 38 hospitales en todo el territorio nacional. Las evaluaciones preliminares de la OMS en 21 de estos centros revelan un escenario crítico: tres hospitales quedaron totalmente inoperativos, seis presentan daños estructurales de consideración y el resto sufre un colapso logístico absoluto.
El déficit de personal médico agudiza la crisis. La OMS reportó la desaparición bajo los escombros de numerosos especialistas clave, incluidos miembros esenciales del área de atención materna en el estado La Guaira.
Esta realidad se traduce en lo que las agencias describen como un flujo de pacientes caótico, marcado por retrasos críticos en cirugías de emergencia, hacinamiento en las salas de urgencias y la pérdida total de los protocolos de bioseguridad. El colapso se ha extendido de igual forma a las morgues y servicios forenses, impidiendo un registro adecuado y digno de las víctimas fatales del desastre.
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