Espacios públicos de calidad y cultura ciudadana para Maracaibo

Publicado el 1 de julio de 2013

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Por Henry Ramírez

Si algo ha afectado la vida del maracaibero y ha alterado la rutina diaria de sus actividades humanas es el desorden de la vida urbana en todos sus ámbitos. Es la afectación de los espacios públicos concebidos como propiedad del que llegue primero. Es la anarquía que se ha apoderado de todas las calles y los espacios de la ciudad. Es el desorden en el tráfico, en el transporte y en la vialidad que debe ordenarla. Los pasos de peatones, convención universal para el respeto de la ciudadanía que anda a pie, ya ni se pintan y los pocos que quedan son salvajemente violentados por los que andan en carro. Las aceras son libres espacios para el estacionamiento con el “biencuidao” respectivo que te matraquea no sabe uno por qué. Los peatones atravesando en donde nos venga la gana. El transporte público — llamarlo transporte es un insulto a quien se ve obligado a usarlo y nunca ha sido público— humillando al pasajero, contaminando el aire, afeando el paisaje y convertido en una jauría de animales de lata con ruedas. El casco central de Maracaibo es el mejor ejemplo de la selva de concreto, asfalto y hormigón en que se ha ido convirtiendo la ciudad.

Los pocos espacios públicos que existen en Maracaibo presentan hoy un estado general de deterioro físico, degradación ambiental y de desorden de usos y normas. En las redes sociales corrían en estos días unas fotos de unos ciclistas atacados por la policía de Maracaibo, no conocemos todavía de las razones. En cualquier caso, la anarquía urbana se va adueñando de estos espacios que han dejado de ser públicos y de a poco se van ocupando con tarantines, edificaciones o con “biencuidaos” que te cobran por usarlo. Así anda la ciudad; no nos hace felices decirlo, pero reconocer este estado de cosas es la primera condición para transformarla

Hoy la Gobernación Bolivariana del Zulia, a la cabeza del Gobernador Arias Cárdenas, se ha empeñado en rescatar algunos espacios públicos y darles continuidad a otros que aún son útiles. La construcción de la segunda etapa del Paseo del lago, en un espacio donde antes se construiría un centro comercial, dice mucho; al igual que convertir la avenida El Milagro los domingos, como espacio libre del tráfico automotor, para los ciclistas y la gente que camina y hace deporte ha sido un éxito.

Estas iniciativas que deberían nacer y desarrollarse desde lo local, desde donde se regula y controla la vida de la ciudad, lamentablemente en Maracaibo no han conseguido apoyo, ni impulso de quien hace de Alcalde cuando vive aquí. Este desorden en el cual se encuentra sumida nuestra ciudad, es responsabilidad de la actual administración municipal. Lo único que se le ha ocurrido hacer es, copiando la iniciativa del Gobernador, cerrar otra calle de la ciudad, de verdad lamentable. Y, dice uno, si hace lo que el Gobernador hace, si imita lo que ve hace el que está enfrente; si no asume su responsabilidad, si no que se la imputa al Gobernador, como ocurre con el caso de la basura, entonces es mejor que otro Alcalde hermanado con el Gobierno Regional asuma la conducción de la ciudad para transformarla junto a los ciudadanos que no aguantan más el caos que a todos nos tiene arrechos.

Hace falta en Maracaibo un plan agresivo de recuperación de espacios públicos, de implantación y desarrollo de nuevos espacios, plazas, parques y recuperar nuestro casco central incluyendo el puerto o Malecón. Ahora bien, nada de esto podría tener éxito, si no viene combinado con un plan agresivo de siembra de la Cultura  Ciudadana. Ésta dimensión cultural asociada a la convivencia urbana y a una nueva ciudadanía es vital para todo lo que vayamos a desarrollar en la ciudad. Y demanda que enamoremos para ello a la juventud maracaibera. Las energías de quienes por su edad quieren otro presente y sueñan otro futuro deben ser encauzadas mediante el trabajo asalariado y/o voluntario para hacer de facilitadores y animadores de los valores de nueva ciudad. El trabajo del Gobierno Regional debe complementarse con una gestión urbana que sueñe la ciudad y le duela su presente.

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