La revolución pacífica (I)

Publicado el 27 de junio de 2012

CARAS_0007_ANGELLOMBARDIPor Ángel Lombardi

El actual gobierno se ha definido como una revolución pacífica (pero siempre se nos recuerda que está armada) especialmente para la alegría de los intereses rusos y de los proveedores de armas en general. Esta es una revolución tan pacífica que estamos contabilizando 19.000 asesinatos por año, duplicando de esta manera los índices de criminalidad de casi todos los países del mundo. Tenemos más muertes violentas que los diversos países en guerra.

Se calculan entre 10 y 15 millones de armas en las calles, sin control de ningún tipo, lo que ha permitido a algunos analistas hablar de una verdadera guerra civil en desarrollo, especialmente en nuestras barriadas, totalmente fuera de control de cualquier ley o autoridad.

En nuestros barrios, según el psicólogo social y sacerdote Alejandro Moreno, se ha configurado una situación de violencia indescriptible. Se calcula al menos un potencial delincuente entre los 18 y 25 años por cada 25 habitantes de la misma edad, es decir, 4 de cada 100 habitantes, cifra impresionante para una sociedad que en la segunda mitad del siglo XX vivió una ilusión de armonía y que creía que en el mismo siglo había alcanzado la paz.
Alejandro Moreno identifica 3 círculos o anillos de potenciales delincuentes, constituidos por un primer núcleo de malandros o panas, como ellos se identifican, y en este primer grupo están los llamados “estructurales”, sin remedio o redención posible y los “ocasionales”, recuperables pero atrapados en un hábitat y en un clima de violencia que en la práctica les da muy pocas probabilidades de sobrevivencia o recuperación social.

Este 1er grupo es el que genera la mayor parte de los delitos y los estructurales son particularmente agresivos, crueles y deshumanizados. Un 2do círculo, que Moreno llama el de los aprendices, con edades que van desde los 14 hasta los 18 años, es lo que pudiéramos llamar jóvenes en peligro y dadas las circunstancias sociales con predisposición a delinquir.

Hay un 3er círculo, los observadores, que son niños y adolescentes entre 10 y 14 años, en riesgo de ser inducidos al delito por las mismas condiciones de precariedad familiar, social y económica en que viven y por la atracción que ejercen sobre ellos el mal ejemplo de los mayores, prestigiados en el barrio como los que mandan, gozan de respeto y poseen recursos económicos, ya que en el fondo, en el grupo y en los diversos sectores de edad, la principal búsqueda identitaria es el reconocimiento, prestigio y respeto.

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