No son dioses

Publicado el 4 de octubre de 2012

CARAS_0007_ANGELLOMBARDIPor Ángel Lombardi

En los últimos años han venido ocurriendo una serie de acontecimientos políticos que revisten carácter histórico tales como la llamada primavera árabe en una región que parecía inmovilizada políticamente, con sus dictadores de discursos rimbombantes y regímenes de sicarios y torturadores.

El primero Sadan Hussein y su hiperbólica y amenazante madre de todas las guerras. Para su pueblo fue un verdadero depredador, particularmente destructivo, provocó una guerra de 10 años contra Irán, invadió Kuwait y guerreó permanentemente contra los Kurdos y terminó desafiando a Occidente con su arrogancia de loco para terminar escondido, preso y juzgado.

El costo para Irak de este dictador fue tan alto que todavía hoy sufre sus consecuencias. Afortunadamente la primavera árabe continuó con el impulso antidictatorial y así cae sucesivamente de manera ignominiosa y violenta el dictador tunecino y el dictador egipcio y el extravagante ayatola libio, todos con un final trágico, como para indicarnos que en la modernidad no solo hay una justicia divina sino que también la humanidad ha aprendido o está aprendiendo a juzgar a este tipo de gobernantes.

En lista de espera está Asad de Siria y en algún momento tendrán que caer las teocracias anacrónicas de Irán y Arabia Saudita. La historia no se detiene y esa es su grandeza, que a pesar de los bárbaros que siempre nos amenazan y los tiranos de turno, la libertad, la cultura, la ciudadanía y en general el llamado proceso civilizatorio siempre llegan y terminan por prevalecer.

Esto que pudiéramos llamar optimismo histórico como contraparte necesaria de la versión trágica de la historia nos ayuda a sobrevivir a cualquier contingencia negativa de nuestros procesos históricos particulares. Los gobernantes autoritarios pierden la sensatez y el sentido de realidad y siempre terminan abriendo las puertas del infierno que los devora. Es lo que ha sucedido en el Medio Oriente con quienes se creían dioses y eternos. En la historia todo fluye, todo cambia y todo termina, y el clima de la libertad siempre implica riesgos.

Nuestra fe absoluta en la dignidad humana y en el proyecto de humanidad que se desprende de la misma, garantiza el inevitable proceso de liberación que no otra cosa ha sido la historia de la humanidad. En estas latitudes también tenemos nuestros tormentos, pero como decíamos, la primavera política siempre llega.

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