Sal de trufas…para carne podrida

Publicado el 30 de septiembre de 2013

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Por Luis Vicente León

En apenas un año, la percepción sobre la situación económica del país se deterioró en más de 30 puntos porcentuales. Es cierto que no hay todavía una correspondencia directa con la popularidad de Maduro, que se desliza de una manera mucho más moderada y sin que esto signifique un crecimiento de sus adversarios, pero la historia indica que esas variables bailan pegadas y tarde o temprano se notará.

El Gobierno parece obligado a jugar con candela en términos económicos y lo hace en el peor escenario, amarrado de manos sin poder hacer lo que sabe que tiene que hacer. Merentes y la mayoría de los actores en cabeza de las instituciones económicas del país están claros de que es insostenible el modelo vigente de controles de cambio y precio primitivos, con expropiaciones improductivas y una ley del trabajo castrante. Pero su capacidad para tomar decisiones luce muy comprometida.

Las declaraciones de Merentes, casi clamando por un tercer mercado cambiario abierto en el que “la moneda fluctúe y las empresas y personas pueden comprar lo que necesitan”, no han sido acompañadas aún por una decisión en ese sentido.

El comportamiento del dólar negro, casi 9 veces el cambio oficial, indica que los actores económicos tiene total desconfianza. Y probablemente tienen razón. Si bien la propuesta de los pragmáticos es que se cree ese tercer mercado despenalizado, libre y abierto, las posibilidades de que eso salga así, sin restricciones, luce baja, a la luz de la batalla interna entre pragmáticos e ideológicos y con el miedo a reconocer los errores cometidos y afectar la conexión popular en pleno momento electoral.

La única manera que el tercer mercado funcione, es que estén dispuestos a que el cambio sea libre y sin restricción de cantidad, compradores, sectores o topes de variación. Cualquier intento de control, incluso parcial, lo hace inservible. Si el Gobierno restringe la compra, de cualquier manera, surgiría de inmediato un nuevo mercado negro para los excluidos y ese seguirá siendo el marcador de precios de todo el país. Puede que se oxigene un pelo el mercado y mejore el abastecimiento puntual, pero el cáncer seguirá ahí.

Creo que Merentes y el mismo Maduro lo entienden, pero ninguno parece tener la capacidad para tomar estas decisiones libremente, sin negociar con el lado radical del chavismo. Para ellos es indispensable sostener la unidad, en un movimiento que ya no tiene la fuerza popular del pasado ni el margen de maniobra para soportar una fractura interna, en el medio de una campaña electoral, donde la oposición está en el tapete a su mismo nivel, lo que bloquea la adopción de medidas económicas indispensables pero impopulares.

La respuesta del organismo creado para revisar la crisis económica es, como dirían los gringos: “amazing”. En una economía cayéndose a pedazos, sin divisas fluidas y con congelamientos de precios que destruyen la capacidad de oferta, anuncian, con fanfarria, que los importadores no necesitarán, hasta diciembre, la permisología que ellos mismos crearon para importar. No es que eso sea malo; la verdad tenerlo ya era una locura. Pero con las necesidades existentes en materia cambiaria, fiscal y monetaria, esto es como ponerle sal de trufas a una carne podrida.

Es muy probable que el Gobierno haga un anuncio cambiario en breve, si es que no lo hizo ya cuando esté publicado este artículo. Pero mi olfato indica que será un Frankensteincito, con controles, restricciones y limitaciones de adquisición que terminará siendo más una devaluación del ineficiente Sicad que un intento serio de resolver la embarrada que están echando en materia económica.

Ojalá me equivoque… y lo celebraré si es así.

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