Trasplante de corazón el 7-O

Publicado el 22 de julio de 2012

imagesPor Mario Villegas

Por supuesto que no es escogida al azar la consigna “Chávez, corazón de la patria”. Pero así como ésta procura seducir y remolcar votantes a través de una pretendida identidad, mecánica e indisoluble, entre la figura del presidente Hugo Chávez y la venezolanidad, a la vez contiene en sí misma y pone al descubierto la mayor de las razones para no dejarse subyugar por tan “amorosa” convocatoria.

Todos los órganos del cuerpo humano son y cumplen una importante función. Pero ninguno como el corazón para garantizar la sobrevivencia. Cualquier corcoveo o insuficiencia cardíaca puede poner en severos aprietos al cuerpo todo. Y si deja de latir, el organismo sencillamente muere.

Si bien los estrategas del chavismo han querido fundamentar la campaña oficialista en el supuesto vínculo afectivo entre el candidato del gobierno y el pueblo, fácil es advertir también la subyacente idea de que si el “corazón”, o sea Chávez, sale del poder, ha de morir la patria misma.

Mire usted menudo detalle: no es Chávez quien tiene a la patria en su corazón, como ha de ser lógico en un auténtico patriota o en un genuino socialista, sino es la patria la que depende de un individuo que pretende colonizar sus funciones vitales. Aberrante manera de concebir el patriotismo y el socialismo, pues nada más lejos del sentido patriótico que anteponer el interés individual ante los intereses de la nación, así como tampoco hay nada que antagonice más con el colectivismo socialista que el personalismo.

La consigna chavista tiene más debilidades que fortalezas, tanto por el concepto personalista que encierra como por la oportunidad en la que toma la palestra, justamente cuando los venezolanos no terminamos de salir de la incertidumbre y la zozobra generada por un Presidente enfermo de cáncer, sometido a recurrentes tratamientos fuera de su propia patria, mientras su gobierno andaba al más absoluto garete.

Con lo que hemos presenciado en el último año, cualquiera llega rapidito a la conclusión de que antes que a la patria le dé un infarto le conviene cuanto antes un trasplante de corazón.

El 7 de octubre es buena fecha para esa operación. Cada elector ha de asumir la tarea del cirujano: extraer cuidadosamente el viejo y lesionado corazón para sustituirlo por uno joven y vigoroso. Pero para ser congruentes con la inspiración democrática que nos anima, el nuevo órgano debe representar la suma de 29 millones de esperanzados ciudadanos que, a contrapelo de la consigna oficialista, llevan a la patria en cada uno de sus corazones.

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