
El parlamento venezolano respaldó el convenio binacional con vigencia de 25 años presentado por el diputado Miguel Ángel Pérez Abad, el cual contempla la reactivación de 17 campos petroleros y una meta de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios para impulsar la transformación productiva del país.
El parlamento venezolano dio un paso decisivo en la reestructuración de su política petrolera al aprobar, en sesión extraordinaria celebrada este martes, el proyecto de acuerdo en respaldo al convenio energético binacional suscrito entre las administraciones de Venezuela y Estados Unidos. La medida ratifica el compromiso institucional de reactivar la industria energética nacional mediante alianzas estratégicas de alto impacto internacional.
Un hito histórico para el aparato productivo nacional
La presentación del proyecto de acuerdo ante el hemiciclo estuvo a cargo del diputado Miguel Ángel Pérez Abad, quien enfatizó la magnitud y trascendencia de la cooperación alcanzada por ambas naciones. Durante su intervención, el parlamentario contextualizó la relevancia del pacto para las finanzas públicas y el desarrollo industrial.
«Es el acuerdo más importante firmado en nuestro país en los últimos cien años por sus implicaciones, por el alcance que tiene y la potencia que tiene para transformar el modelo productivo petrolero conocido. Este convenio permitirá al Estado venezolano pasar del rentismo petrolero para transformarse en una verdadera potencia energética», afirmó Pérez Abad.
Proyección operativa y metas de extracción a largo plazo
El plan de trabajo energético fue suscrito previamente por la presidenta interina, Delcy Rodríguez, fijando un período de vigencia inicial de 25 años. Esta temporalidad busca garantizar la estabilidad jurídica y operativa necesaria para atraer capital técnico y financiero a la industria de hidrocarburos nacional.
Entre los puntos medulares del pacto destaca el desarrollo y la reactivación operativa de 17 campos estratégicos de producción. Con esta infraestructura, el proyecto prevé alcanzar una meta de extracción superior a 1,5 millones de barriles diarios de crudo, lo que constituye el eje central del plan integral de recuperación del sector energético.
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