
La segunda vuelta presidencial se celebra hoy en un escenario de profunda fragmentación legislativa, crisis crónica de legitimidad y el reto urgente de detener una década de inestabilidad política.
La segunda vuelta presidencial entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez coloca a Perú en una encrucijada histórica. Más allá de la evidente distancia ideológica entre ambos candidatos, el verdadero desafío para el futuro mandatario será sobrevivir políticamente. El país arrastra una severa crisis de legitimidad institucional que ha devorado a múltiples mandatarios en los últimos años. Quien asuma el poder el próximo 28 de julio tendrá la obligación inmediata de construir consensos en un entorno hostil para evitar correr la misma suerte que sus predecesores.
El punto de partida para este nuevo gobierno es sumamente débil. Durante la primera vuelta electoral, los votos combinados de la líder de Fuerza Popular y el candidato de Juntos por el Perú no alcanzaron el 30% de los sufragios válidos. Esto significa que menos de una cuarta parte del electorado total apoyó activamente estas opciones en el inicio del proceso. Como consecuencia directa, la ciudadanía acude a las urnas con apatía y bajo la percepción generalizada de estar eligiendo simplemente al mal menor, según coinciden diversos analistas políticos.
Un Congreso fragmentado y el regreso de la bicameralidad
El reto de la gobernabilidad se complicará aún más debido a la nueva estructura del poder legislativo. Por primera vez en tres décadas, Perú vuelve a contar con un sistema parlamentario bicameral, lo que añade el filtro de un nuevo Senado a la dinámica de aprobación de leyes. Ninguna de las dos fuerzas políticas en contienda posee la mayoría absoluta en las cámaras, lo que obligará a una negociación constante y desgastante.
En este reparto de fuerzas, la situación favorece inicialmente a Fuerza Popular. El partido de Fujimori lidera el bloque más numeroso en ambas cámaras, lo que le otorga una ventaja táctica. Los analistas prevén que la heredera del fujimorismo enfrentará menos fricciones operativas que su rival. Por el contrario, de ganar las elecciones, Sánchez se topará de inmediato con una oposición férrea y cohesionada capitaneada por el propio fujimorismo, lo que podría paralizar su gestión desde los primeros meses.
Prioridades urgentes en la agenda económica y social
Quien logre superar el examen legislativo deberá atender demandas ciudadanas asfixiantes. La principal preocupación de los peruanos es el avance de la criminalidad organizada y el deterioro general de la seguridad pública. A este reclamo social se suma la urgencia de reactivar el aparato productivo y generar empleo, revirtiendo el estancamiento económico derivado de la incertidumbre política de la última década.
El margen de maniobra temporal será mínimo. Históricamente, los primeros meses de gestión definen el rumbo de la presidencia en Perú. Si el nuevo mandatario no logra capitalizar el respaldo popular inicial y articular alianzas legislativas estables, el fantasma de la vacancia presidencial volverá a aparecer. La estabilidad a largo plazo del país depende por completo de romper el círculo vicioso que ha dejado una sucesión de ocho presidentes en apenas diez años.
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