
El Ministro de Defensa abogó por el “olvido y la reconciliación” como ejes para superar el conflicto político, mientras la Asamblea Nacional reprograma el debate final de la norma por falta de consenso en artículos clave.
En un pronunciamiento cargado de simbolismo con motivo del Día del Amor y la Amistad, el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, manifestó su respaldo institucional a la Ley de Amnistía que actualmente tramita el Poder Legislativo. El alto mando calificó la iniciativa no solo como un instrumento legal, sino como una oportunidad de “perdón y reconciliación” para la sociedad venezolana.
A través de sus canales oficiales, el Ministro destacó que la propuesta —presentada originalmente por Delcy Rodríguez— debe entenderse como un «acto de amor» que busca despojar al dolor del pasado de su capacidad para hipotecar el futuro del país.
Sanar sin olvidar
Padrino López hizo especial énfasis en la necesidad de reinterpretar el concepto de «olvido» en el contexto político actual. “No se trata de borrar la memoria, sino de lograr que el recuerdo ya no duela”, explicó, subrayando que la reconciliación real pasa por aceptar las cicatrices históricas como parte de la identidad nacional, sin que estas impidan la convivencia.
“¡El amor todo lo puede! Que viva la convivencia humana a través del perdón”, concluyó el funcionario, haciendo un llamado a cerrar ciclos de confrontación.
Expectativa legislativa y social
Pese al optimismo del Ejecutivo, el proceso en el Parlamento ha encontrado escollos técnicos. Aunque la hoja de ruta inicial preveía la aprobación total de la amnistía para detenidos desde 1999 esta misma semana, la plenaria solo logró sancionar seis artículos del proyecto.
El nudo crítico reside en el séptimo artículo, que establece la obligatoriedad de que los beneficiarios se presenten ante la justicia, punto que ha generado discrepancias y ha obligado a posponer el debate definitivo para la próxima semana.
Mientras los legisladores afinan el texto, la tensión se traslada a las puertas de los centros de reclusión, donde familiares de los detenidos mantienen vigilias permanentes, esperando que el consenso político se traduzca finalmente en boletas de excarcelación.
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