
El secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, define una nueva hoja de ruta estratégica para el hemisferio, priorizando el fin de la cooperación militar de Moscú, el desmantelamiento de las redes de Irán y el control de la expansión económica de Pekín.
En un giro diplomático sin precedentes en las últimas dos décadas, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ha anunciado un cambio radical en la política exterior hacia la región. Durante su comparecencia, el alto funcionario subrayó que el gobierno de Washington ha iniciado conversaciones formales para erradicar la presencia de potencias extranjeras adversas, marcando un hito en la seguridad continental.
Un cambio de paradigma en la seguridad regional
»Por primera vez en 20 años, discutimos la eliminación de la presencia rusa e iraní», afirmó Rubio, destacando que la complacencia de años anteriores ha terminado. Según el secretario, la administración actual no ve estas influencias como meros acuerdos comerciales, sino como una amenaza directa a la estabilidad de las democracias occidentales. El objetivo central es devolver la soberanía operativa a la región, limitando la capacidad de maniobra de actores que operan fuera de los marcos de seguridad tradicionales.
Los tres ejes de la estrategia de Washington
La nueva doctrina impulsada por Rubio se cimenta sobre tres pilares fundamentales que buscan reconfigurar el equilibrio de poder:
Debilitamiento de la red iraní: Se incrementará la presión sobre los grupos financiados por Teherán y se vigilarán estrechamente las actividades financieras que permiten la infiltración de agentes de inteligencia en suelo americano.
Contención de la expansión de Pekín: La estrategia no solo es militar, sino económica. Washington busca ofrecer alternativas de inversión sólidas que eviten que las naciones caigan en la «trampa de la deuda» propuesta por Pekín, frenando así su avance geopolítico.
Cese de la cooperación con Moscú: Este es quizás el punto más crítico. Estados Unidos gestionará mecanismos para que los gobiernos regionales pongan fin a sus vínculos militares y técnicos con el gobierno de Vladimir Putin.
Hacia un hemisferio con menor interferencia externa
El secretario de Estado fue enfático al señalar que la presencia de Moscú en la región ha servido como factor desestabilizador, facilitando el intercambio de tecnología bélica y tácticas de represión. Al abordar este problema, Washington espera restaurar una zona de paz basada en la cooperación mutua y el respeto a las instituciones democráticas.
»La seguridad de Estados Unidos está intrínsecamente ligada a la de nuestros vecinos», concluyó Rubio. Con este anuncio, la administración deja claro que la región ha dejado de ser una zona de influencia secundaria para convertirse en la prioridad máxima de su agenda de defensa y diplomacia. Este movimiento promete redefinir las relaciones bilaterales en los próximos meses, obligando a los países del área a definir sus posturas frente a las potencias extra-continentales.
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