
El pueblo de Santa Rosa, corazón espiritual del estado Lara, se ha convertido una vez más en el epicentro de una fe que trasciende fronteras y calendarios. Este lunes 5 de enero, en una atmósfera cargada de fervor y expectativa, miles de devotos se congregaron para presenciar el acto que marca la antesala de la manifestación de fe más grande de Venezuela: la Solemne Bajada de la imagen de la Divina Pastora de su nicho.
La tarde se tiñó de un color especial. No era una tarde común; el aire se saturaba con el dulce aroma del incienso y el murmullo incesante de plegarias que ascendían al cielo crepuscular. Desde tempranas horas, una marea humana desafió las distancias para presenciar el instante en que la “Pastorcita” dejaría su morada habitual para iniciar su encuentro, cara a cara, con la feligresía que acude a ella en busca de consuelo, esperanza, agradecimiento o una bendición para el nuevo ciclo que comienza. La devoción, palpable en cada rincón, transformó el Santuario en un solo clamor de fe viva.
Un traje que rinde tributo a la identidad larense
El elemento central que cautivó y conmovió a los presentes fue el espectacular y significativo atuendo lucido por la Madre de Dios. Este año, el diseño del vestido constituyó un profundo homenaje a la identidad larense, inspirado en la tradición y el folclore más arraigado: el Tamunangue. Con detalles meticulosamente elaborados que evocaban los vibrantes colores y la rica iconografía de los Sones de Negro, la imagen descendió suavemente de su pedestal. Este gesto simbólico no solo reafirmó el papel de la Virgen como intercesora espiritual, sino también como guardiana de la cultura y las raíces que corren por las venas de cada barquisimetano y larense.
La Eucaristía, momento culminante de la ceremonia litúrgica, estuvo presidida por Monseñor Polito Rodríguez Méndez, Arzobispo de Barquisimeto. En su inspiradora homilía, Su Excelencia instó a los fieles a mantener la llama de la unidad, la esperanza y la caridad, recordando el lema de “Una Iglesia que camina con su gente”.
Lágrimas, promesas y el encuentro con su pueblo
Tras el emotivo acto religioso, llegó el momento cumbre. Bajo los hombros de sus celadores, fieles custodios de la sagrada imagen, la Divina Pastora inició su descenso. Sin limitarse al interior del templo, la Virgen salió a «respirar el aire de su pueblo», recorriendo en un breve pero intenso periplo los alrededores de la Plaza Bolívar de Santa Rosa.
Los rostros de los devotos eran un espejo de la emoción: lágrimas de gratitud y fe, manos temblorosas que se extendían buscando rozar su manto o al menos el aire que la rodeaba, y padres que alzaban a sus hijos en hombros para que presenciaran, quizá por primera vez, el rostro de la “Chiquitica”. Posteriormente, la imagen fue cuidadosamente ubicada en su trono provisional, dispuesto a las afueras del Santuario de Santa Rosa de Lima. Desde allí, permitió que la marea de fieles pudiera contemplarla de cerca y elevar sus ruegos antes de la inminente peregrinación número 168 hacia la ciudad de Barquisimeto.
Gaitas y un canto de júbilo
La fe se manifestó también a través de la música. La noche se convirtió en una auténtica celebración mariana con la participación de la reconocida agrupación gaitera Nikitao. Su repertorio, cargado de sentimiento, alegría y versos dedicados a la Reina, puso la banda sonora a una velada mágica. Cada nota fue coreada por los presentes, transformando la plaza en un solo y vibrante canto de júbilo y devoción a la Madre de Dios.
Este emotivo evento marca el inicio de la cuenta regresiva definitiva. La Pastora ya descendió, ya está entre su pueblo y, como cada año, Barquisimeto se prepara para el 14 de enero, lista para demostrar una vez más que su fe en la Divina Pastora sigue siendo la más grande e inquebrantable de Venezuela.
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