Un magnicidio colombiano que destrozó a Venezuela (I)

Publicado el 18 de junio de 2012

El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán es clave en el origen de la violencia nacional. Su deceso, logrado con tres balazos fulminantes, tiene implicaciones directas con las 19 mil muertes por año en el país. Pero, ¿Cómo se puede partir de este punto?

La morgue de Bello Monte en Caracas, semana a semana, sigue siendo el reflejo más fiel de la violencia en Venezuela. Con una media de 30 a 40 cadáveres, la mayoría provenientes de asesinatos, es un lugar donde se constata, con cifra cierta, la pérdida del respeto a la vida y el imperio de la ley malandra.

Familias enteras lloran a sus muertos, sean delincuentes o ciudadanos de bien, pero ningún doliente imagina que su tragedia se conecta íntimamente con el magnicidio del líder liberal colombiano Jorge Eliecer Gaitán, aquella tarde del 9 de abril de1948.

Cuando Juan Roa Sierra, un joven de 26 años de edad, decidió matar con tres balazos en el pecho al abogado y quien se perfilaba como seguro ganador de las elecciones presidenciales de 1950, se decretó, paralelamente la muerte de miles en Venezuela.

Las conexiones, aunque históricas, son claramente visibles. La muerte de Gaitán llevó a la fractura social de Colombia entre conservadores y liberales y el surgimiento de los movimientos guerrilleros en ese territorio, primeramente como células campesinas rebeldes de talante liberal, que más tarde se transformarían en las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la organización guerrillera más antigua del mundo.

El General del Ejército, Joaquín Matallana, quien dirigió la “Operación Marquetalia” en 1964, tras 16 años de intenso conflicto, para acabar de una vez por todas con los insurgentes por órdenes del Gobierno, lo advirtió en entrevista: “Estoy orgulloso de esa operación desde el punto de vista militar, pero ese día se transformó el Movimiento Agrario de Autodefensas en la guerrilla móvil de las FARC”.

Pero ¿Tienen que ver esos hechos en territorio colombiano con los asesinatos por resistencia al robo en Maracaibo, Caracas, Miranda, Lara, Táchira, Carabobo, Apure, Barinas y otros estados de Venezuela? ¿O también con la extorsión, el secuestro, el cobro de vacunas y el sicariato que llenan a cántaros las páginas de diarios y redes de internet? La tesis se somete a discusión desde este momento.

El Plan Colombia y la importación del crimen
El Observatorio Venezolano de la Violencia (OVV), dirigido por el sociólogo Roberto Briceño León, estimó que en 2011, los asesinatos en el país llegaron a la impensable cifra de 19 mil 336.

El investigador ha señalado que la tasa de homicidios, luego de los estudios de 2011 repuntaron a 50 asesinatos por cada 100 mil habitantes, y la cifra dada no dista mucho de la expuesta por el mismo Tareck El Aissami, ministro de Interior y Justicia, quien apuntó recientemente que el Gobierno no había logrado bajar los índices de homicidios.

“El Plan Colombia, en el cual trabajan los gobiernos de Bogotá y Washington desde comienzos de la década (2000-2010), ha traído como consecuencia el desplazamiento de nuevas costumbres, formas de vida y modalidades delictivas de carácter violento no propias de nuestra idiosincrasia… como el secuestro, la extorsión y el sicariato”
Germán Saltrón, agente del Gobierno en la OEA

“Logramos revertir en los últimos años los principales delitos que se cometen en todo el territorio nacional, excepto el delito de homicidio, el cual se ha mantenido. No hemos podido lograr romper con ese duro piso de 48 muertes por cada 100.000 habitantes, es una tasa muy alta, sin embargo, todas las medidas que hemos implementado apuntan que hemos alcanzado reducir esa curva en estos últimos años”, aseveró.

Partiendo de tales balances nacionales, vale aquí rescatar la posición manifestada en 2008 por Germán Saltrón, agente del Gobierno del Presidente Chávez, en la Organización de Estados Americanos, para ofrecer una guía sobre un factor fundamental en la importación que hizo Venezuela de esa violencia. El Plan Colombia.

“El Plan Colombia, en el cual trabajan los gobiernos de Bogotá y Washington desde comienzos de la década (2000-2010), ha traído como consecuencia el desplazamiento de nuevas costumbres, formas de vida y modalidades delictivas de carácter violento no propias de nuestra idiosincrasia… como el secuestro, la extorsión y el sicariato”, dijo, según publicó la agencia de noticias AP.

Las FARC han sido el principal objetivo de ese plan militar acordado entre ambos países, aunque en la guerra también se establecieron objetivos trascendentales como grupos paramilitares y carteles del narcotráfico sonados mundialmente. El grueso de la inversión ha sido netamente de carácter bélico.

La guerrilla marxista, cuyos orígenes se hallan en el asesinato de Gaitán en 1948, y que en sus primeros años de lucha marcó pauta ideológica en Colombia, se deformó ante el gigante negocio de la droga. Fuertemente armados, se convirtieron en otro cartel poderoso del narcotráfico, el secuestro, ya no con fines políticos, si no más bien mercantilistas, la extorsión y el terrorismo.

En 2008 la Procuraduría de México emitió un comunicado que dejaba al descubierto las acciones del grupo guerrillero. El documento, que inundó los medios colombianos y latinoamericanos, apuntaba que las FARC ya tenían fuertes vínculos con los grandes carteles de la droga de ese entonces liderado por las organizaciones de Arellano Félix.

Según la denuncia formulada, los insurgentes intercambiaban grandes cargamentos de droga por armas para proseguir su lucha.

Pero las sospechas en suelo colombiano habían sido anunciadas mucho antes, en 1994. El General Harold Bedoya, quien fungió como Comandante general de las Fuerzas Militares, lo había anunciado. “Las FARC son el tercer cartel de la droga”. Los guerrilleros compartían así relevancia con las organizaciones de Medellín y Calí, las más poderosas históricamente para el momento.

De principio se pensaba que las FARC cobraban solo impuestos a los carteles por producir la droga en sus territorios, pero pronto se había descubierto que ellos mismos controlaban parte del negocio, desde la producción hasta la distribución de pasta de coca.

Según el Observatorio Venezolano de la Violencia, hace diez años comenzó el incremento en la criminalidad del país. En 1990 la tasa de homicidios rondaba los13 por cada 100 mil habitantes. Hoy, la media es de 50 a 54 por cada 100 mil habitantes. Exactamente hace diez años comenzó la aplicación formal del Plan Colombia.

Frontera de paso libre
El Plan Colombia, que inició con las administraciones de Pastrana y Bill Clinton, pasando luego por las de Uribe y Bush y llegando hoy a los acuerdos de Santos y Obama, sí tuvo sus efectos inmediatos en Venezuela.

Rocío San Miguel, abogado y experta en el tema militar el Plan Colombia tiene su rostro amable para la comunidad latinoamericana, pero también guarda su rostro oscuro. “Por un lado logró equilibrar la seguridad nacional en Colombia con impactos visibles, pero por otro lado tuvo muy dolorosas repercusiones en torno a los falsos positivos y un proceso de justicia sobre ciertos crímenes que fueron perdonados”.

Ahora bien, ¿Qué pasó en Venezuela para que paramilitares, guerrilleros de las FARC y miembros de las carteles de la droga lograran establecerse en el país?

San Miguel argumenta que la frontera  “fácilmente permeable” dio paso libre a la importación del crimen de las organizaciones señaladas. “Lamentablemente es permeable a factores indeseables, a todo lo largo y ancho de la geografía nacional. Las políticas fiscales, migratorias y aduaneras no son contundentes que permita resguardar a los venezolanos de esos agentes exógenos al país. Y esto aún no ha podido superarse”.

“La presencia de grupos irregulares armados, el tráfico internacional de cocaína documentado por la ONU y otros tráficos internacionales sin duda socavan la estabilidad de la nación”, dijo.

Por: Carlos Moreno
Twitter: @carlosmoreno1

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