
La epidemia de ébola declarada a mediados de mayo de 2026 en la República Democrática del Congo (RDC) se consolidó como la más devastadora en la historia del país africano, al alcanzar un balance oficial de 9.144 contagios y 4.410 muertes, lo que representa una tasa de mortalidad del 48,2%.
De acuerdo con el reporte del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), tan solo en las últimas 24 horas se contabilizaron 79 nuevos diagnósticos y 29 decesos. La institución detalló que 899 pacientes permanecen ingresados en centros de aislamiento o salas hospitalarias, mientras que 2.418 personas han superado la infección. Sin embargo, las autoridades advierten con preocupación que la tasa de seguimiento a contactos sospechosos cayó al 77,6%.
Ituri en el centro de la emergencia y riesgo de expansión regional
La provincia oriental de Ituri se mantiene como el foco principal de la crisis sanitaria al concentrar el 73,6% de la totalidad de los casos registrados, además de reportar el 50,6% de los nuevos contagios diarios. El virus se ha extendido a siete demarcaciones del país, entre las que destacan Kivu Norte, Kivu Sur, Alto Uélé, Bajo Uélé, Tshopo y Ubangi Sur.
Por su volumen de infectados y letalidad, la presente contingencia sobrepasó el histórico brote congoleño de 2018-2020. Proyecciones epidemiológicas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten que, de mantenerse la dinámica actual, la epidemia podría llegar a superar la catástrofe sanitaria vivida en África Occidental entre 2014 y 2016, que se saldó con más de 11.000 fallecidos en Guinea, Liberia y Sierra Leona.
Hostilidades de grupos armados sabotean la contención médica
La contención del virus enfrenta un serio obstáculo debido a la inseguridad en la zona. Recientes incursiones armadas han provocado desplazamientos masivos de comunidades y paralizado el trabajo de las brigadas médicas en el terreno.
En uno de los incidentes más graves, al menos 11 civiles resultaron asesinados tras un ataque perpetrado en la localidad de Jissa, territorio de Djugu (Ituri), atribuido a milicianos de la Cooperativa para el Desarrollo del Congo (CODECO). Durante el asalto, los insurgentes saquearon e incendiaron un centro asistencial clave para el monitoreo del ébola.
Charité Banza Bavi, portavoz de la sociedad civil en Bahema Norte, denunció la quema de viviendas e insumos médicos por parte de la milicia, exigiendo al Ejército nacional el despliegue inmediato de un operativo de seguridad que neutralice a los agresores y garantice el paso de los equipos de salud.
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