
La justicia colombiana vincula a la reconocida marca de ropa interior con una red transnacional de contrabando y blanqueo de capitales mediante empresas fachada.
Operativo masivo contra el lavado de activos
La Fiscalía General de la Nación ha ejecutado una de las intervenciones más ambiciosas en el sector retail de los últimos años. Un total de 405 establecimientos comerciales de la marca Lili Pink han sido objeto de medidas cautelares con fines de extinción de dominio. Esta acción judicial responde a una investigación que sugiere que la infraestructura de la compañía habría sido utilizada como fachada para ocultar el origen ilícito de millonarios recursos, presuntamente provenientes de actividades de lavado de activos.
El despliegue de los entes de control se concentró en los principales puntos de venta y centros de distribución de la firma. Según las autoridades, este movimiento busca desarticular el brazo financiero de una organización que lograba inyectar capital ilegal en el flujo económico legal de Colombia, afectando directamente la transparencia del mercado nacional.
Descubrimiento de sociedades de papel e importación ilegal
El núcleo de la investigación se centra en un complejo entramado societario diseñado para evadir los controles aduaneros y fiscales. La Fiscalía detalló que la organización delictiva operaba a través de diversas empresas importadoras y sociedades de papel que no poseían una actividad comercial real más allá de facilitar el ingreso de mercancía.
Mediante este esquema, grandes volúmenes de prendas de vestir y cosméticos entraban al país bajo la modalidad de contrabando. Una vez que los productos superaban las fronteras de manera irregular, eran distribuidos en los puntos de venta de Lili Pink para ser comercializados como mercancía legítima. Este proceso no solo permitía la evasión de impuestos, sino que servía como el mecanismo perfecto para que el dinero de origen dudoso retornara a la economía formal tras la venta al público.
Impacto en la marca y el sector comercial
La marca se encuentra ahora en una situación crítica bajo la lupa de las autoridades fiscales. El proceso de extinción de dominio implica que la administración de estos bienes pasará a manos del Estado mientras se determina la responsabilidad final en los tribunales. Este caso envía un mensaje contundente al sector empresarial sobre la vigilancia estricta contra las estructuras que dan apariencia de legalidad a productos importados ilegalmente.
Por ahora, los peritos financieros continúan analizando los libros contables y las transacciones internacionales de las sociedades vinculadas para rastrear el alcance total de la defraudación. La operación sigue en curso y no se descartan nuevas capturas de directivos o socios involucrados en esta red de comercio ilícito.
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