
Las alarmantes cifras de violencia en Ecuador han marcado el cierre del año 2025 como el más sangriento en la historia del país. La nación se encuentra inmersa en una profunda crisis de seguridad, evidenciada por un récord de más de 10.630 muertes violentas registradas hasta el 30 de noviembre, según datos oficiales de la Fiscalía General del Estado. Este incremento sostenido de la criminalidad a escala nacional subraya la emergencia que enfrentan las autoridades y la población.
Desglose del récord de criminalidad
El detalle de las estadísticas oficiales revela la compleja naturaleza de la violencia. Del total de muertes violentas, una abrumadora mayoría corresponde a 8.606 casos catalogados como asesinatos, lo que refleja una escalada en la intencionalidad y brutalidad de los crímenes. A estos se suman 43 casos tipificados como sicariatos, crímenes de alto impacto generalmente vinculados a redes de crimen organizado, y 1.981 homicidios. La diversidad de estas cifras evidencia la penetración de la violencia en distintos estratos sociales y geográficos.
La concentración de la violencia en ciertas regiones es particularmente preocupante. La provincia del Guayas se mantiene como el epicentro de la crisis, contabilizando 5.469 muertes violentas, una cifra que supera por sí sola la totalidad de casos de años anteriores a la actual crisis. Le siguen, con cifras también elevadas, Manabí, con 1.299; Los Ríos, con 1.096; y El Oro, con 757. Estas provincias, cruciales por su acceso a rutas marítimas y terrestres, se han convertido en territorios clave en la disputa por el control de actividades ilícitas.
Disputa territorial y preocupación global
Analistas especializados en seguridad ciudadana coinciden en señalar que el principal motor detrás de esta espiral de violencia son las disputas encarnizadas entre bandas criminales y grupos de delincuencia organizada. El control de rutas estratégicas para el narcotráfico, la posesión de territorios para la extorsión y el dominio de economías ilícitas han generado una guerra abierta que utiliza a la población civil como rehén indirecto.
La gravedad de la situación ha trascendido las fronteras nacionales, generando una intensa preocupación internacional. Un informe global emitido en diciembre ubicó a Ecuador en una lista sombría, situándolo entre los seis países más violentos del mundo. Este estatus se debe, en gran medida, a la identificación de más de 50 grupos armados que operan libremente en el territorio, así como al alarmante incremento de ataques dirigidos o colaterales contra la población civil, funcionarios públicos y representantes del sistema judicial.
Llamado urgente a políticas integrales
Ante este panorama desolador, la voz de las autoridades, organizaciones sociales y defensores de derechos humanos es unánime: la respuesta a la crisis debe ser inmediata y multifacética. Existe un consenso en la urgencia de aplicar políticas integrales y sostenibles que aborden las raíces del problema.
Entre las medidas más citadas se encuentran la necesidad imperante de implementar programas de prevención social que ofrezcan alternativas a la juventud y desmantelen la base de reclutamiento de los grupos criminales. Paralelamente, se exige un fortalecimiento institucional significativo de las fuerzas de seguridad y el sistema de inteligencia, junto con reformas estructurales al sistema judicial que garanticen la celeridad, transparencia y, sobre todo, la no impunidad en los casos de alto impacto. El desafío para el próximo año será revertir esta tendencia histórica y restaurar la paz y la seguridad en el país.
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