El ganadero asesinado en Miranda era un negociador de muertes

Publicado el 24 de agosto de 2012

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Tenía una quinta en Los Puertos de Altagracia y una finca vía a las playas de Quisiro. Siempre usó armas por su seguridad y manejaba rústicos en la Costa Oriental del Lago.

Conocido como hombre de negocios, recto y encarado. Tenía un grupo de trabajadores y varios hombres de confianza.

El octogenario Rafael Segundo Nava Tamayo era acusado desde 2009 de liderar una banda de sicarios y de hacer dinero a través de la muerte. Lo mataron el miércoles. 

Cuando el 3 de junio de 2009 unos sicarios asesinaron a Robert Stic Carrizales Villalobos (25) frente a los ojos de su hermano, oficial policial, en el sector Punta de Leiva del municipio Miranda, varios testigos aseguraron que el culpable del homicidio era un hombre de apellido Nava con quien el occiso había negociado unas tierras.

Las investigaciones policiales apuntaban a que los pistoleros eran unos atracadores que se llevaron el pago de la nómina de una empresa carbonera ubicada en el estado Falcón.

Pero las investigaciones avanzaron de forma hermética y en febrero de 2010 unos sujetos liquidaron salvajemente a Joel Ramón Rincón Vicuña y a su pequeña hija Joelcimar Rincón Chirinos, también en Punta de Leiva.

Un mes después la Policía científica llegó a la finca de Rafael Segundo Nava Tamayo. El hombre, anciano, de caminar lento, paciente y amable, dejó entrar a la comisión sin siquiera pedir la orden de allanamiento.

Observó, callado, que solo había un testigos de los dos que exige la ley y que requisaron todo cuanto pudieron esa misma tarde. 

Entre la experticia Nava debió reconocer que no tenía porte de la pistola Carl Waffenfabrik que los uniformados hallaron en su Silverado, pero tragó hondo cuando un día después se enteró que su vehículo, confiscado para el momento, había sufrido un vuelco durante el traslado.

Ya había vicios suficientes en el procedimiento, pero no se resistió a ir detenido, junto con sus trabajadores, por los delitos de sicariato y porte ilícito de armas de fuego.

El Cicpc mantuvo la investigación y el comisario César Gómez, jefe de la Policía científica en la región, esclareció el movimiento. Rafael Segundo Nava Tamayo fingía vender una finca en el sector Punta de Leiva, a unos diez minutos de Los Puertos de Altagracia.

El comprador, ansioso, normalmente entregaba una parte del dinero para luego firmar el documento que lo acreditara como nuevo dueño y luego entregar la otra parte. 

El caso
Según las averiguaciones policiales, las víctimas entregaban la mitad del pago correspondiente y luego el altercado se hacía inminente: el propietario demoraba el trámite legal de traspaso de propiedad.

Entonces era cuando las balas cumplían su función. El anciano tenía su red de sicarios que se encargaba de cumplir el trabajo.

En la muerte de Carrizales, el caso en el que se basa la Policía científica, Nava Tamayo sostuvo un altercado y las amenazas se habían generado entre los dos protagonistas.

A unos minutos de su muerte ya los testigos señalaban a alguien con su apellido como responsable del crimen.

El entonces jefe regional, César Gómez, informó que se trataba de una red que tenía varias víctimas y que se debía investigar más a fondo para tejer toda la telaraña.

En el caso estaban involucrados los capataces y otros miembros de la finca que resultaron ser asesinos a sueldo según las averiguaciones policiales.

Esos movimientos judiciales tuvieron más luz con la muerte de Joel Rincón Vicuña y su hija de ocho años.

Los criminales ingresaron en su humilde residencia y dispararon a diestra y siniestra. La madre de la inocente niña se salvó de milagro.Cuando consiguieron la pistola en la Silverado y luego de un análisis, se determinó que con esa arma dieron muerte a padre e hija, y las órdenes de aprehensión ya se habían consumado.

Nava Tamayo era ahora un criminal de cuello blanco en el municipio Miranda.

Proceso
El anciano era considerado como acusado y en sus registros no tiene más que una denuncia contra un hombre a principios de siglo.

Su nombre también se escuchó entre los archivos del Tribunal Supremo de Justicia cuando detuvieron a Yulian Jhonny Espina Molero en el Bulevar de Los Puertos con un arma de fuego.

El joven, sin antecedentes policiales, fue detenido por no tener porte  del arma de Nava Tamayo, quien declaró frente a todo un conglomerado oficial que era su pistola y que su hijo, Yulian, la tomó de la finca para llevársela a su casa porque la había olvidado. 

Otras víctimas por el negocio oculto del señor Nava aún no se conocen, pero sí se determinó que Joel Rincón habría participado en varios hechos criminales y que también era hombre de confianza de Nava Tamayo.

El occiso tenía un primo criminal muy temido en el estado Falcón y el 2 de noviembre de 2009 le fue cesada la medida cautelar sustitutiva de libertad por los delitos de aprovechamiento de vehículos provenientes del robo y porte ilícito de armas de fuego.

Chirinos era, según sus vecinos, un hombre humilde que había tenido amistad con Nava Tamayo y que nunca tendría dinero para comprar terrenos en el estado Miranda.

Audiencias
El proceso contra el anciano no vislumbró detalles hasta finales de 2011. Al inicio de éste la jueza suplente de Primera Instancia en funciones de Control del Circuito Judicial Penal del Zulia extensión Cabimas, abogada Mary Carmen Parra Incinoza, quien manejaba el caso, se inhibió por la sospecha de imparcialidad que existía, pues su tío, hermano de su madre, está casado con la hermana una de una yerna del acusado y a través de ese vínculo se ha forjado una amistad de más de 15 años.

Su abogada, luego, apeló el proceso de allanamiento, puesto que la Silverado, decomisada y tomada como evidencia, sufrió un vuelco, lo que representaría el daño de la evidencia, y que no se mostró la orden de allanamiento. La apelación fue rechazada.

Vía Diario La Verdad

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