
La artista estadounidense utilizó su discurso de aceptación para denunciar las acciones del servicio de inmigración, calificando a la agencia de «grupo terrorista» tras recientes incidentes violentos.
La ceremonia de los premios Grammy 2026, celebrada este domingo en Los Ángeles, se transformó en un escenario de profunda reivindicación política. La protagonista absoluta de la noche no solo fue la música, sino la contundente postura de Billie Eilish contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE). Al subir al escenario para recibir el galardón a la canción del año por su éxito ‘Wildflower’, la joven intérprete decidió dedicar su tiempo frente al micrófono a una causa que ha generado una fractura social en el país.
Acompañada por su hermano y colaborador Finneas, la cantante inició su intervención con una frase que resonó en todo el recinto: «Por muy agradecida que me sienta, sinceramente no creo que tenga nada que decir, salvo que nadie es ilegal en tierra robada». Estas palabras, cargadas de simbolismo histórico, marcaron el inicio de uno de los momentos más tensos y comentados en la historia reciente de la gala, subrayando su compromiso con la justicia social por encima del reconocimiento artístico.
Un llamado a la resistencia civil
La ganadora del Oscar no se detuvo en la retórica poética. Con una actitud firme, instó a los millones de espectadores y a sus colegas de la industria a mantener una postura activa frente a las injusticias actuales. Eilish recalcó que la participación ciudadana es la única herramienta capaz de generar cambios reales en las instituciones. «Sigan luchando, alzando la voz y protestando», exhortó la artista, enfatizando que las voces individuales tienen un peso real en la configuración de la política nacional.
El momento de mayor fricción ocurrió cuando Eilish cerró su discurso con un ataque directo a la agencia migratoria. Al exclamar «que se joda el ICE», la cadena CBS se vio obligada a censurar el audio de la transmisión en vivo, aunque el mensaje ya se había filtrado a través de las redes sociales y por los asistentes presentes en el Staples Center. Esta acción dejó clara la brecha existente entre las instituciones de control y un sector de la cultura que exige una reforma humanitaria urgente.
Solidaridad entre las figuras del espectáculo
La protesta de Eilish no fue un hecho aislado durante la noche. Otros artistas de renombre utilizaron la plataforma global de los Grammy para sumarse al reclamo. El puertorriqueño Bad Bunny y la británica Olivia Dean también aprovecharon sus espacios para expresar solidaridad con la comunidad inmigrante, denunciando las prácticas de detención y deportación que han marcado la agenda pública recientemente. Esta coalición de voces convirtió la alfombra roja y el escenario en un foro de debate sobre los derechos humanos.
El antecedente de la indignación
La raíz de esta feroz crítica se encuentra en los trágicos sucesos ocurridos en Mineápolis, Minesota. Eilish ya había manifestado en sus plataformas digitales un rechazo absoluto tras la muerte de Reene Nicole Good, quien perdió la vida a manos de agentes del ICE el mes pasado. Para la cantante, este evento no fue un incidente aislado, sino una prueba de fallos sistémicos, llegando a calificar a la agencia como un grupo financiado por el gobierno que actúa contra su propia población.
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