
El mandatario estadounidense vincula la permanencia británica en el archipiélago con la seguridad global y la contención estratégica frente a Irán.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a situar la geopolítica del océano Índico en el centro del debate transatlántico. Este miércoles, el líder estadounidense envió un mensaje directo al primer ministro de Reino Unido, Keir Starmer, instándolo firmemente a no ceder el control de la isla Diego García. A través de sus plataformas oficiales, el mandatario subrayó que la soberanía británica sobre este enclave es una pieza innegociable para la estabilidad militar de occidente.
El valor estratégico de la base militar
La advertencia de la administración estadounidense surge en un momento de alta tensión en oriente medio. Según las declaraciones del presidente, la infraestructura de Diego García, junto con el aeródromo de Fairford, representa una capacidad logística vital que no puede verse comprometida por acuerdos diplomáticos de traspaso territorial. El mandatario fue enfático al señalar que, ante una eventual escalada con Irán, estas posiciones son fundamentales para la defensa preventiva.
El argumento central de la Casa Blanca sostiene que, si el régimen de Teherán decide no avanzar hacia un acuerdo de paz o desnuclearización, Estados Unidos podría verse en la necesidad de utilizar estas bases para erradicar posibles ataques. Trump calificó al gobierno iraní como un régimen altamente inestable y peligroso, justificando así la presencia militar permanente en el archipiélago de Chagos como una medida de seguridad necesaria para la paz mundial.
Críticas al acuerdo entre Londres y Mauricio
Esta no es la primera ocasión en la que el presidente estadounidense manifiesta su rechazo a las negociaciones lideradas por el gobierno de Keir Starmer. El acuerdo en cuestión contempla la transferencia de la soberanía del archipiélago de Chagos a la república de Mauricio, bajo una cláusula que garantiza a Londres un arrendamiento de la base por un periodo de 99 años. Para la actual administración de Estados Unidos, este pacto es percibido como una debilidad estratégica.
El enfoque de la política exterior de Donald Trump prioriza la propiedad y el control directo sobre los contratos de alquiler a largo plazo. Desde su perspectiva, cualquier cambio en la administración de las islas podría abrir la puerta a influencias de potencias extranjeras rivales en la región. Por ello, el mensaje a Starmer busca frenar un proceso que el equipo republicano considera un error histórico que pone en riesgo la operatividad de la fuerza aérea y naval estadounidense.
Repercusiones para la alianza angloestadounidense
La presión ejercida desde Washington coloca al número diez de Downing Street en una posición diplomática compleja. Mientras el Reino Unido busca cumplir con las resoluciones internacionales y mejorar su relación con las naciones africanas, debe equilibrar su alianza defensiva más importante. La insistencia de Donald Trump en que no se debe perder el control de la isla refleja una visión de soberanía compartida donde la seguridad militar prevalece sobre las concesiones diplomáticas.
En conclusión, la postura de Estados Unidos es clara: el mantenimiento de Diego García bajo jurisdicción británica es una prioridad absoluta para la defensa de los intereses occidentales. El futuro de este pequeño territorio en el océano Índico se confirma así como uno de los puntos de fricción más significativos en la agenda bilateral entre ambos líderes.
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