
Tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro a manos de fuerzas especiales estadounidenses, Rusia ha roto el silencio para exigir a la administración de Donald Trump el esclarecimiento inmediato de su paradero. Sin embargo, detrás de la retórica diplomática de «preocupación», Moscú ha dejado claro que su respaldo a Caracas tiene límites estrictos, supeditados a sus intereses estratégicos en Europa del Este.
Entre la exigencia y la distancia estratégica
A través de un comunicado del Ministerio de Exteriores, el Gobierno de Vladimir Putin calificó la ofensiva militar como una «agresión armada condenable» y expresó su alarma por la desaparición de Maduro y su esposa, Cilia Flores.
Pese a la firma de un «tratado de asociación estratégica» apenas el año pasado, el apoyo de Rusia se ha limitado a lo simbólico. Expertos señalan que Moscú ha optado por no intervenir militarmente en favor de Caracas, repitiendo el patrón de inacción visto con Irán meses atrás. La razón: un entendimiento tácito con Donald Trump para reconfigurar las esferas de influencia global.
El «reparto» del tablero mundial
La caída de la capital venezolana en cuestión de horas ha evidenciado la fragilidad del eje anticolonial que Rusia promovía. Según analistas internacionales, el discurso de la multipolaridad ha cedido ante la realpolitik de dos potencias nucleares:
El pacto invisible: Trump y Putin parecen haber reactivado una política de reparto de influencias, donde la autonomía de Sudamérica (para EE. UU.) se intercambia por el control de Europa del Este (para Rusia).
Fracaso de la defensa: Los sistemas enviados por Moscú a Caracas resultaron insuficientes frente al bombardeo estadounidense, dejando el acuerdo bilateral reducido a «papel mojado».
Envídia en los pasillos del Kremlin
Fuentes cercanas al Gobierno ruso han dejado filtrar una mezcla de asombro y envidia ante la celeridad de la operación estadounidense. Mientras el asalto de Putin contra Volodímir Zelenski cumple casi cuatro años sin lograr su objetivo central, Washington ha conseguido descabezar al gobierno bolivariano en una sola jornada.
Llamado al diálogo en la ONU
Oficialmente, Rusia apoya la petición de Caracas y otros países de la región para una reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad de la ONU. «Creemos que todos los socios deben buscar soluciones mediante el diálogo», reza el comunicado, en un tono que busca mantener la apariencia de liderazgo diplomático mientras el mapa de poder en el hemisferio occidental se redibuja definitivamente.
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