
Sumario
El mandatario estadounidense califica de «pésima elección» la participación de Bad Bunny y Green Day en el espectáculo del medio tiempo, aunque atribuye su ausencia a motivos logísticos.
Un rechazo frontal al espectáculo del medio tiempo
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha generado una nueva controversia al confirmar oficialmente que no asistirá a la edición del Super Bowl de este febrero. Durante una entrevista concedida desde el Despacho Oval a The New York y difundida este sábado por la agencia EFE, el mandatario republicano expresó su rotunda desaprobación hacia los artistas seleccionados para el icónico espectáculo del medio tiempo: el exponente urbano Bad Bunny y la banda de punk rock Green Day.
Para el jefe de estado, la inclusión de estos músicos representa un error estratégico por parte de la organización del evento. «Estoy en contra de ellos. Creo que es una pésima elección. Lo único que hace es sembrar odio. Terrible», sentenció Trump, utilizando un tono tajante para cuestionar la narrativa y el perfil de los artistas elegidos, quienes históricamente han mantenido una postura pública de confrontación hacia su administración.
Distancia geográfica versus motivos políticos
A pesar de la dureza de sus críticas hacia el elenco musical, el presidente aclaró que su decisión de no viajar al Levi’s Stadium, ubicado en Santa Clara, California, no se debe exclusivamente a la presencia de los músicos en el escenario. Según sus declaraciones, el factor determinante es la logística y la distancia que separa la capital del país de la costa oeste. El partido, programado para el próximo 8 de febrero, requeriría un despliegue que el mandatario no parece dispuesto a realizar en esta ocasión.
«Está demasiado lejos. Me gustaría ir. Me han recibido muy bien en el Super Bowl. Les caigo bien», aseguró Trump, intentando suavizar la tensión al recordar que su presencia suele ser bien recibida por el público deportivo. El mandatario subrayó que su asistencia habría sido casi segura si el encuentro se celebrara en una ubicación más cercana a la costa este, recordando su participación el año pasado en la final disputada en Nueva Orleans entre los Kansas City Chiefs y los Philadelphia Eagles.
Un historial de tensiones con los protagonistas
La fricción entre el presidente y los artistas invitados no es nueva. Bad Bunny, el fenómeno global puertorriqueño, ha utilizado su plataforma en múltiples ocasiones para denunciar las políticas antiinmigrantes del gobierno de Trump, convirtiéndose en una voz de resistencia para la comunidad latina. Su participación en el Super Bowl es vista por muchos como un mensaje político implícito, algo que el mandatario parece haber interpretado como una provocación directa.
Por su parte, Billie Joe Armstrong, líder de Green Day, ha reforzado su posición crítica recientemente. La semana pasada, el vocalista manifestó su apoyo explícito a los manifestantes en Minneapolis que protestaban contra las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Esta alineación de los artistas con causas sociales y migratorias opuestas a la agenda de la Casa Blanca ha transformado un evento deportivo en un nuevo campo de batalla ideológico en el país.
www.diariorepublica.com



