
El dirigente empresarial Felipe Capozzolo destaca que la inversión privada puede transformar los recursos del subsuelo en bienestar real para todos los sectores productivos del país.
El primer vicepresidente de Fedecámaras, Felipe Capozzolo, afirmó recientemente que el sector privado nacional posee la estructura y la visión necesarias para lograr que el ingreso proveniente de la industria petrolera no se quede estancado en las arcas del Estado. Según el líder gremial, el desafío actual radica en generar los mecanismos de transmisión para que ese flujo de capital permee hacia todas las cadenas de valor, dinamizando el comercio, la industria y los servicios tecnológicos.
La necesidad de un modelo económico integrador
Para Capozzolo, el petróleo debe dejar de ser una burbuja aislada del resto de la sociedad. La propuesta central se basa en la transversalidad, un concepto que busca que cada dólar invertido en el sector hidrocarburos genere un efecto multiplicador en las pequeñas y medianas empresas. Esto implica que las contrataciones, los servicios de mantenimiento y la logística sean ejecutados por actores nacionales, fortaleciendo así el tejido empresarial venezolano.
El dirigente enfatizó que el sector privado no solo espera por la renta, sino que está listo para ser el motor que la distribuya. Al permitir una mayor participación de empresas particulares en la cadena de suministros de la energía, se garantiza que el beneficio económico llegue de manera más rápida y eficiente al ciudadano común a través de mejores empleos y salarios competitivos.
Superar el rentismo mediante la inversión estratégica
Uno de los puntos clave de su discurso es la transición hacia un modelo donde la empresa privada sea la protagonista. Capozzolo sostiene que la capacidad instalada en Venezuela es robusta, pero requiere de un marco jurídico claro que incentive la confianza. Al atraer capitales frescos, tanto nacionales como extranjeros, se puede modernizar la infraestructura necesaria para que el petróleo sea el combustible de una diversificación económica real.
La visión presentada sugiere que la prosperidad de Venezuela no debe depender exclusivamente del precio del barril, sino de la eficiencia con la que se utiliza ese recurso para potenciar otras áreas como la agricultura, la manufactura y la economía digital. La transversalidad del ingreso petrolero permitiría que sectores que históricamente han estado alejados de la actividad extractiva comiencen a ver beneficios tangibles.
Un futuro basado en la colaboración productiva
Finalmente, Capozzolo hizo un llamado a la unidad de criterios entre el sector público y el privado. El objetivo es construir una agenda común que priorice la producción nacional y la competitividad. Para el representante de Fedecámaras, el éxito de esta estrategia dependerá de la voluntad política para abrir espacios de participación y de la resiliencia del empresario venezolano, quien ha demostrado su capacidad de adaptarse a entornos complejos.
La reactivación plena de la industria no solo es una meta energética, sino un imperativo social. Si se logra conectar el potencial del subsuelo con la inteligencia y el esfuerzo de la empresa privada, el país podrá transitar hacia una senda de crecimiento sostenible y equitativo para todos los sectores de la población.
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