
El jefe de ayuda humanitaria de la ONU, Tom Fletcher, advierte sobre la urgencia de atender patologías crónicas e infecciones derivadas de las condiciones de hacinamiento; brigadas de salud reportan repunte de enfermedades diarreicas y de la piel en Catia La Mar.
Un número creciente de sobrevivientes y desplazados por el doble terremoto del pasado 24 de junio acudió este jueves 9 de julio a los puntos de asistencia médica desplegados por organizaciones no gubernamentales en las regiones más golpeadas por la catástrofe. La masiva movilización evidencia el agotamiento de los recursos familiares y el inicio de una fase de la emergencia donde las prioridades sanitarias comienzan a transformarse.
«Queda claro que en los lugares de desplazamiento, en especial después de dos semanas, la gente está viniendo porque no ha podido recibir otros tratamientos», advirtió Tom Fletcher, jefe de ayuda humanitaria de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), durante una inspección en territorio venezolano. El funcionario internacional enfatizó que las consultas médicas ya no están concentradas en traumatismos inmediatos o fracturas, sino en patologías preexistentes y necesidades de salud pública a largo plazo.
Riesgo epidemiológico y escasez de fármacos
En los campamentos sanitarios instalados en Catia La Mar, el personal médico reportó un incremento significativo de infecciones cutáneas y cuadros diarreicos agudos, afecciones que los especialistas vinculan directamente con el hacinamiento en los refugios y el acceso limitado a agua potable. Asimismo, las unidades móviles enfrentan una alta demanda de medicamentos esenciales para el control de enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión arterial.
Historias como la de Irma Echarri, de 67 años, reflejan la vulnerabilidad de la población de la tercera edad, quien debió acudir a una clínica móvil parroquial para intentar reabastecer sus tratamientos rutinarios de analgesia y oftalmología, además de solicitar evaluación por secuelas físicas derivadas del evento. Aunque su vivienda resistió el temblor, gran parte de su entorno comunitario permanece a la intemperie o en albergues tras el colapso de 190 edificios y los daños estructurales reportados en otras 856 edificaciones de la entidad.
El impacto emocional en la salud física
La atención no solo cubre afecciones bacterianas o crónicas, sino también las somatizaciones derivadas del trauma psicológico. Zulbey Reyes, de 41 años y damnificada por los terremotos, acudió a la unidad médica que gestiona la organización civil venezolana Paluz en alianza estratégica con el Comité Internacional de Rescate (International Rescue Committee) debido a intensos dolores en la zona torácica.
Tras la evaluación de los médicos, Reyes —quien además perdió su fuente de ingresos como niñera tras el sismo— constató que el malestar correspondía a una inflamación del sistema nervioso debida al fuerte impacto emocional del desastre. La alianza de agencias nacionales e internacionales mantiene sus operaciones en las zonas de desastre buscando estabilizar tanto las variables epidemiológicas como el acceso básico a la salud en las comunidades más vulnerables.
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