
En el cementerio La Esperanza de Catia La Mar, las autoridades iniciaron los protocolos de entierro especial utilizando registros fotográficos y parcelas numeradas para garantizar que los cuerpos puedan ser reconocidos por sus familiares en el futuro.
En medio del dolor que embarga al país tras el doble terremoto del pasado miércoles 24 de junio de 2026, el cementerio La Esperanza, ubicado en Catia La Mar, se ha convertido en el epicentro de un doloroso pero necesario protocolo humanitario. Más de 150 víctimas fatales que no pudieron ser reconocidas legalmente recibieron sepultura en fosas individuales especialmente acondicionadas.
La medida busca brindar un descanso digno a los fallecidos mientras se preservan los mecanismos científicos para su posterior reclamo. De acuerdo con reportes de la cadena Univisión, cada espacio fue registrado minuciosamente mediante códigos de barras, coordenadas por parcelas y archivos fotográficos tomados antes de cada entierro, con el fin de facilitar la identificación genética o visual por parte de sus seres queridos a futuro.
Un camposanto ordenado frente a la peor tragedia nacional
La logística en el cementerio requirió el despliegue de maquinaria pesada. Un grupo de operarios trabajó con retroexcavadoras para abrir zanjas en una zona apartada y de tierra seca del complejo.
«Al día siguiente de los sismos empezamos a hacer las tumbas para que todas esas personas tuvieran sepulturas dignas», relató Eli Zavala, residente de la localidad, en declaraciones a la agencia AFP.
El paisaje del camposanto refleja solemnidad: cada rectángulo de tierra está delimitado por piedras blancas pulidas. En la cabecera de cada fosa se erige una austera cruz blanca con un pequeño ramo de flores a sus pies y una placa metálica que reza el texto “Identificación especial”, acompañado de la fecha del desastre.
El balance de una catástrofe sin precedentes
Este protocolo de emergencia coincide con el más reciente e impactante balance oficial ofrecido por las autoridades este domingo 5 de julio, el cual sitúa la cifra de fallecidos en al menos 3.342 personas, mientras que el número de heridos ya asciende a 16.740, consolidando a este evento como el desastre natural más mortífero en la historia reciente de Venezuela.
Las cruces codificadas que ahora cubren el terreno de Catia La Mar representan la promesa del Estado y de los equipos forenses de que ninguna de las víctimas enterradas en el anonimato de la emergencia será olvidada por la historia.
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