BBC: ¿Podrá gobernar Nicolás Maduro?

Publicado el 19 de abril de 2013

130419193137_maduro_464x261_gettyNicolás Maduro asumió la presidencia de Venezuela todavía sin contar con el reconocimiento de la mitad opositora del país. Con los retos que tiene por delante, esa falta de apoyo puede ser crucial para la estabilidad y gobernabilidad del país.

“No te reconozco si no me reconoces”, dijo en una de sus muchas intervenciones televisadas de esta semana el ahora presidente de Venezuela Nicolás Maduro a su excontrincante en las elecciones del domingo 14 de abril Henrique Capriles.

No es un simple asunto de reciprocidad personal sino institucional porque Capriles es gobernador del central estado Miranda, uno de los más importantes del país y asiento de casi la mitad de la ciudad de Caracas. Es decir, un interlocutor importante del gobierno nacional.

La verdad es que en Venezuela gobierno y oposición se han hablado poco en estos 14 años de la llamada revolución bolivariana fundada por Hugo Chávez.

Pero sin la figura casi todopoderosa que fue Chávez, muchos se preguntan si Maduro podrá gobernar el país en esas condiciones y además sin contar con el amplio apoyo popular del que solía gozar su predecesor.

La pregunta dejará de ser retorica ahora que Maduro ha sido juramentado como presidente para el periodo 2013-2019 ante la Asamblea Nacional.

El problema de la gobernabilidad

Sin derecho de palabra

 

La oposición venezolana tampoco mantiene buenas relaciones con el poder Judicial, o el Electoral, de los que aseguran que están controlados por factores sumisos al gobierno.

Incluso en la Asamblea Nacional, espacio parlamentario por excelencia, oficialistas y opositores tienen problemas para entenderse.

El presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, decidió el martes quitar el derecho de palabra a los diputados que no reconozcan al presidente electo.

Además, los opositores fueron destituidos de las presidencias de las comisiones, lo que según ellos viola la representación proporcional que requiere el funcionamiento de la cámara.
Como consecuencia la bancada opositora, que representan el 40% de los escaños, no asistirá al acto de juramentación del nuevo presidente.

La profesora de teoría política de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, Colette Capriles estima que “las condiciones de gobernabilidad no están dadas”, pero asegura que no se deben únicamente al reclamo sobre el proceso electoral que hace la oposición.

“Tenemos un gigantesco problema de gestión pública, estamos en una crisis económica, de servicios, social y todo en un contexto internacional económico que no es muy favorable”, afirma Capriles, quien no tiene parentesco con el líder opositor.

“Y además hay una crisis de conducción dentro del gobierno de Maduro” afirma Capriles, reflejando la opinión de algunos que la ajustada victoria electoral tuvo un impacto dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela, PSUV, acostumbrado a gobernar con cómodas ventajas.

Esa coyuntura única en la historia del chavismo para debilitar la gestión de Maduro podría ser aprovechada por la oposición.

“Está jugando a desacreditarlo para eventualmente derrotarle políticamente”, dijo a BBC Giorgio Cicarello, profesor de la Universidad de Drexell en Filadelfia y autor del libro “Nosotros creamos a Chávez: una historia popular de la historia de la revolución venezolana”, recientemente publicado en inglés (“Nosotros creamos a Chávez: una historia popular de la historia de la revolución venezolana“).

Cicarello, quien tiene una visión favorable del proceso político iniciado por Chávez, estima que la estrategia busca que dentro de tres años se convoque un referéndum revocatorio de mitad de periodo, similar al que se hizo en 2004 al presidente Hugo Chávez.

La solución simple

Maduro viajó a Perú y se reunió con líderes de UNASUR.

“No está planteada la deslegitimación del gobierno de Maduro. Lo que está planteado no es el reconocimiento o no reconocimiento, lo que está planteado es el reconteo. El reconocimiento es el resultado de la evaluación del proceso de votación”, afirma Colette Capriles.

El jueves, tras una reunión de nueve horas, el directorio del Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela aceptó realizar la auditoría del 46% de las cajas de votación que no estaban entre las sometidas a revisión reglamentariamente el día de las elecciones.

“Quiero felicitar a nuestro pueblo. Esta fue una lucha de ustedes, una lucha porque este camino siga construyéndose”, dijo Henrique Capriles tras conocer la decisión.

Ese procedimiento podría definir el futuro de un eventual entendimiento entre gobierno y oposición.

Sin embargo, en ambos campos hay sectores radicales que no favorecerían el entendimiento entre Maduro y sus detractores.

“El gobierno venezolano puede estar calculando que el diálogo sería lo más útil. Pero a algunos dentro del gobierno les puede parecer que abrir el dialogo es una señal de debilidad hacia una oposición a la que ven como muy agresiva”, explica el profesor Cicarello.

La opción radical

“El Comando Simón Bolívar acepta lo que el CNE, en cadena de radio y televisión, le ha anunciado al país”, dijo Capriles.

A juzgar por el tono discursivo adoptado desde que ganó las elecciones del domingo, el presidente Maduro piensa “radicalizar la revolución”, lo que para muchos equivaldría a cerrarle la puerta al diálogo político.

Cicarello considera que la profundización del proceso bolivariano “no va a alinear al centro o a la oposición” porque cree que el proceso abarca aspectos “que la gran mayoría apoya, como democracia directa, los consejos comunales, las cooperativas y lucha contra la corrupción”.

Opina que una posible estrategia gubernamental sería la de agudizar el conflicto, aunque reconoce puede ser fatal para un proyecto político y pone el caso de 2002, cuando el presidente Chávez se tranzó en una pelea con la oposición que terminó en su breve derrocamiento.

“Eso es muy peligroso para ambos lados porque cuando se agudiza el conflicto y sube la presión, Capriles puede ser presentado nuevamente como un golpista, que está cuestionando al gobierno, cuestionando el orden constitucional”

Colette Capriles coincide en que “ni al gobierno ni a la oposición le interesa un ambiente de desestabilización. Políticamente no le conviene a la oposición construir un escenario de violencia o anarquía. Y de hecho no lo está haciendo”.

“De ahora en adelante, debido a los resultados electorales del domingo, la oposición tiene un papel moderador de las pretensiones hegemónicas del gobierno. El problema con el chavismo es que está lidiando con una realidad política para la cual no tiene las respuestas institucionales correspondientes, sino que sus reflejos son hegemónicos”, dijo la experta.

Vía BBCMundo

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