
La primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, respondió con firmeza a las críticas internas sobre la postura de su gobierno ante el aumento de la tensión en el mar Caribe, asegurando que su país «no será utilizado por Estados Unidos para lanzar ataques contra el pueblo venezolano». Sin embargo, su defensa se vio matizada por el reconocimiento de acuerdos militares con Washington que comprometen la soberanía nacional.
La declaración de Persad-Bissessar se produjo tras los cuestionamientos del ex primer ministro, Dr. Keith Rowley, quien criticó la aparente falta de coherencia en la política exterior de la administración en medio de las tensiones entre Caracas y Washington.
🧩 Contradicción entre Discurso y Acuerdos
En una rueda de prensa, la Primera Ministra restó importancia a las críticas de Rowley, señalando que los «hechos permanecen». No obstante, fueron precisamente los hechos que mencionó los que generaron controversia:
Acuerdo de Cooperación Militar: Recordó que Rowley firmó el año pasado un acuerdo que obliga a Trinidad y Tobago a cooperar con el ejército estadounidense en ejercicios militares regionales.
Presencia Militar Activa: A pesar de insistir en que «Estados Unidos nunca ha solicitado usar nuestro territorio para atacar al pueblo venezolano», la presencia del portaaviones USS Gerald R. Ford y el desembarco de marines para entrenar con la Fuerza de Defensa de Trinidad y Tobago han encendido las alarmas sobre la verdadera independencia de su política exterior.
⚖️ Soberanía y Narcotráfico
Persad-Bissessar se esforzó en recalcar que «Trinidad y Tobago es un Estado soberano y no sigue ciegamente a Estados Unidos ni a ningún bloque como la CARICOM».
No obstante, en la misma intervención, afirmó que su gobierno «no dudará en apoyar a los socios internacionales que están comprometidos a enfrentar el narcotráfico y el tráfico de armas». Esta afirmación deja la puerta abierta a una cooperación que podría tener implicaciones directas en la seguridad de Venezuela.
La Primera Ministra concluyó reafirmando que su nación mantiene relaciones pacíficas con Caracas y «no participará en ningún acto que perjudique al pueblo venezolano», aunque mantiene un alineamiento discursivo con Washington y sus aliados al respaldar la narrativa de «elecciones libres y justas» en Venezuela.
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