
La llegada de 2026 ha sumido a Francia en una oleada de violencia urbana generalizada, desdibujando la festividad y poniendo en entredicho las promesas de seguridad del Gobierno. A pesar de un despliegue masivo de fuerzas del orden y de las firmes advertencias oficiales, el país vivió otra Nochevieja marcada por los disturbios, los incendios y los ataques coordinados contra la policía.
Según el balance oficial del Ministerio del Interior, la cifra de vehículos incendiados se disparó a 1.173, un número que no solo representa un aumento del 19% respecto al año anterior, sino que además se acerca peligrosamente al récord histórico de 2019. Este dato contundente ha puesto en evidencia la retórica de «tolerancia cero» que había anunciado con pompa el ministro del Interior, Laurent Nuñez, quien prometió mano dura y detenciones inmediatas contra los responsables de los desmanes.
1.173 vehículos calcinados: Un dramático incremento del 19% que subraya la persistencia de la violencia urbana como un problema estructural en el calendario francés de fin de año.
En un intento por contener la ola de violencia, las fuerzas de seguridad realizaron 505 detenciones, de las cuales 403 personas fueron puestas bajo custodia policial. Estas cifras, superiores a las registradas en la Nochevieja anterior, demuestran la intensidad de los enfrentamientos a nivel nacional. Solo en la capital, la Fiscalía de París informó de 125 arrestos por violencia, daños y participación en disturbios, aunque curiosamente aseguró no haber registrado incendios de vehículos en la ciudad.
Escalada de violencia y ataques a la policía
Los focos de violencia se concentraron especialmente en el extrarradio y en grandes áreas metropolitanas, afectando gravemente a la seguridad ciudadana y la integridad de los agentes.
En Estrasburgo, el balance fue desolador: más de 100 carros quemados y una treintena de detenciones. Además, 20 agentes sufrieron lesiones leves en los enfrentamientos.
En Rennes, un grupo de un centenar de encapuchados atacó directamente a las fuerzas del orden con proyectiles y morteros pirotécnicos, hiriendo a un policía antidisturbios. En el Loira Atlántico, la propia comisaría de Rezé fue objeto de ataques con fuegos artificiales.
En Lyon, a pesar del amplio dispositivo de 800 efectivos, se reportaron 80 coches calcinados y decenas de contenedores incendiados, resultando en 15 detenciones por cargos que van desde vandalismo hasta el uso de pirotecnia como arma.
El uso de morteros pirotécnicos se confirmó como la herramienta preferida de los alborotadores. A pesar de la prohibición de su transporte, su incautación fue una constante: en Buchelay se detuvo a dos menores con un alijo de 389 morteros. La peligrosidad de estos artefactos quedó trágicamente demostrada en Chelles, donde un niño de 12 años perdió tres dedos al manipular uno de ellos.
La noche dejó episodios de extrema gravedad, como el asesinato de un ciudadano argelino de 36 años en Marsella, apuñalado cinco veces por un grupo armado con cuchillos y otros elementos, un incidente que ensombrece aún más el balance final.
Un año más, Francia despide las fiestas navideñas con escenas de caos y barrios convertidos en zonas de excepción. El Gobierno se enfrenta de nuevo a la cruda realidad de que sus promesas de control y orden público no logran frenar una violencia que se ha enquistado profundamente en el calendario social del país, evidenciando una fractura de seguridad que sigue creciendo.
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