El Splosh, la tendencia de poner comida a los juegos eróticos

Publicado el 28 de junio de 2012

chocolateSe trata de una previa al encuentro sexual para estimular olores y sabores.

Quién no fantaseó alguna vez con embadurnar a su pareja con dulce de leche y lamer hasta la última gota? Este es un recurso común en el Kamasutra privado de las parejas que quieren reavivar el fuego en la cama, pero también es un fetichismo conocido como Splosh .

El término nació en 1989, a partir de una revista erótica británica especializada en este fetichismo. A la vez, el nombre Splosh proviene de la onomatopeya que aparecía en las caricaturas cuando se estampaba una torta en la cara de algún personaje. Alguien relacionó torta, chantilly, chocolate o merengue y pensó en sexo. Y así nació la corriente Splosh .

En las tapas de la famosa revista, las mujeres posan cubiertas de chocolate o pinturas con sabor. Pero los “ingredientes” de los sploshers no acaban ahí: el menú abarca crema, miel, champagne, helado, spaghetti y guisos. Cuanto más pegajoso, mejor. “El placer está en enchastrarse, más que en el mismo acto sexual. De hecho, a veces se ensucian con la ropa puesta y el sexo no necesariamente está incluido”, explica la licenciada Yanina Cotarelo, sexóloga, psicóloga y autora del blogwww.exploratussentidos.com .

Quienes no se satisfacen con reservar este hábito para la intimidad, organizan sploshing parties , que vendrían a ser guerras de comida en las cuales, de una forma prevista y para nada espontánea, los presentes se arrojan todo tipo de sustancias. En la Argentina todavía el fenómeno no desembarcó públicamente, aunque Cotarelo no descarta que haya grupos que lo practican.

AFRODISIACOS¿Qué excita de embadurnarse con comida? Según la especialista, el origen está en el mismo placer que sentíamos de bebés, cuando revoleábamos la cuchara llena de puré de zapallo contra el piso. O cuando nos cubríamos las manos de polenta y nos las refregábamos en la propia cara o en la de quien nos estuviera dando de comer. “Siempre que hay un fetichismo hay una prohibición que excita a pasar el límite. A veces, si el niño fue demasiado pulcro, el placer por enchastrarse surge por compensación”, señala Cotarelo.

En el marco de una pareja, el splosh es más un juego que un fetichismo, y el fin es la relación sexual. “Vos querés jugar con tu pareja, tiene que ver con el erotismo. Sexo y comida son dos grandes placeres”, apunta la sexóloga. De hecho, hay quienes vieron el negocio y crearon restaurantes en los que las mujeres se acuestan y varios hombres degustan sushi de su cuerpo. “La diferencia con los fetichistas es que el juego habilita el sexo, que es lo fundamental y el objetivo”, agrega.

Para la licenciada Any Krieger, psicóloga de la Asociación Psicoanalítica Argentina, esta previa al encuentro sexual tiene que ver con estimular los olores y los sabores. Cuando el placer está en lamer y no sólo en enchastrar, Krieger ubica el origen en la relación del bebé con la teta.

Los condimentos más usados son las bebidas, como el champagne o el vino, el helado, el dulce de leche y el chocolate. “Puede verse también como una extensión del masaje erótico, porque involucra caricias”, expresa.

Por último, Cotarelo aportó algunos tips para elegir bien qué usar y qué no, a fin de evitar cualquier chasco: “Nada ni muy dulce, ni muy picante, ni muy pegajoso. Y si es líquido, conviene que sea en una bañadera o en algún lugar que no nos importe manchar. Se trata de buscar con imaginación y tener en cuenta esas cosas. Que sean sabores no neutros, pero equilibrados. Y si se puede apoyar la comida en el cuerpo, ¡mejor!”.

Consejos: qué usar y qué no

No conviene usar nada demasiado pegajoso que fuerce a levantarse de la cama y lavarse antes de seguir. Esto corta el clima y el objetivo es seguir jugando.

Nada demasiado dulce, para no empalagarse.

Probar con lo salado: el sushi, por ejemplo, marida muy bien con este juego.

Comidas sólidas: maní con chocolate, caramelos…

Que sean agradables a la vista: la comida entra por los ojos y el apetito sexual también.

Nada muy picante: la piel es muy sensible en la zona genital, en los senos y en las axilas.

Líquidos, mejor no: a menos que se practique en la bañadera o en un cuarto de hotel alojamiento, donde no es imperioso lavar las sábanas luego.

Aceites no: no pueden lavarse con agua y pueden provocar infecciones.

Especial Clarín de Buenos Aires

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